jueves, 8 de octubre de 2015

12 de octubre: LA VISIÓN DE LOS VENCIDOS

12 de octubre: LA VISIÓN DE LOS VENCIDOS
El 12 de octubre de 1492 los pueblos originarios (de “América”) presenciaron el descubrimiento del hombre europeo. Desvelamiento que conocieron en piel, carne, sudor y sangre propia, nunca se imaginaron que el aparecimiento en el horizonte atlántico los intrusos vendrían a crear un etnocidio inédito en la historia del ser humano.

Es muy frecuente leer en algunos libros de historia “universal”, que el bloque hispano “descubrió América”, pero, estos términos antes mencionados es menester radicalizarlos, desenmascararlos y desideologizarlos. En primer lugar, porque el hombre europeo e inicio del moderno no vino a descubrir, vino ha encubrir. En segundo lugar, que no hay historias universales, sino la historia material, concreta, situada y circunstancializada de cada pueblo, y éste es el caso de los pueblos originarios e indígenas  que eran todo un mosaico de tradiciones (algunos mantienen rasgos de su identidad hoy en día, otros han sido echados al pasado por los paradigmas capitalistas que pretenden hacer la realidad homogénea), y en tercer lugar, es indignante que hasta el nombre que lleva éste continente: América, no posee un nombre propio, sino que lleva invención europea; por tanto, es fundamental profundizar en estos aspectos.
El filósofo salvadoreño Ignacio Ellacuría, expuso en su escrito ¿Descubrimiento o encubrimiento? quinto centenario de América latina: “A mi modo de ver, lo primero que sucede es que el «conquistador» o dominador se pone al descubierto. Así, hace cinco siglos, con el «descubrimiento» del llamado «nuevo mundo», lo que realmente se descubrió fue lo que era España en verdad, la realidad de la cultura occidental y también de la Iglesia en ese momento. Ellos se pusieron al descubierto, se desnudaron sin darse cuenta, porque lo que hicieron respecto a la otra parte fue «encubrirla» no «descubrirla». En realidad es el Tercer Mundo quién descubre al primer mundo en sus aspectos negativos y en sus aspectos más reales.”

El planteamiento de Ellacuría expone que el desvelamiento fue de parte de  España (de ese entonces) y la cultura occidental que representaban con sus ansias de conquista  esta parte del mundo, una vez  “descubierta”.    De manera que el Tercer Mundo es el que desvela al bloque occidental con su cultura voraz y negativa. Amerindia desde sus inicios pasó a ser un pueblo que experimentó el atropello, la voracidad, la violencia y el etnocidio por parte del europeo; en ningún momento se entabló lazos de diálogo, polifonía (otras voces), simetría del habla, (la misma medida de hablar) tolerancia y respeto hacia la visión de mundo propia del originario.
El bloque hispano al enterarse sobre las poblaciones que residían en estas tierras y con la intensión de cristianizar a los indios –según los españoles-, incursionaron con toda la política maquiavélica de imponerse.
En el siglo XV en la Europa hispánica, la Iglesia Católica junto con el Rey estaban de acuerdo en asumir y respaldar políticas que beneficiaran sus intereses (aunque siempre hubo la excepción por parte de algunos cristianos) y por tanto, el respaldo político y teológico estuvieron a favor de la empresa que potenciaría esos objetivos.

Pero, bien, es de hacer un alto, e irrumpir de forma más aguda y crítica la problemática de la conquista española, para esto es de hacer oír la versión de los pueblos originarios y visión de los vencidos, es de hacer contrahistoria, crear ruptura e interrupción buscando otro rostro, el de los derrotados.
La visión conquistadora y avasalladora de una parte de los españoles se impuso e  interpretó el encubrimiento de estos pueblos desde sus propios horizontes hermenéuticos de poder y superioridad, desde un inicio fue dominante y atropellador.
Más de cinco siglos han transcurrido desde la conquista, pero, los efectos y secuelas siguen siendo palpables 500 años después, y los originarios lo pueden constatar.
 No se debe continuar repitiendo la misma lectura histórica  de cada 12 de octubre sobre el “Día de la Raza”, porque, ni fue descubrimiento, ni estábamos ansiosos que vinieran, ni existe tal raza, ni somos Nuevo Mundo, sino, que fue encubrimiento, teníamos nuestras formas de vida y cultura, y la tal llamada raza es más un planteamiento ideológico que biológico, así como éramos la Tierra Madura y tampoco éramos Nuevo Mundo, respecto al Viejo Mundo porque ellos así nos nombraron.
El hombre europeo imaginó lo hallado como  una cosa, nunca lo concibió como persona al originario, no lo valoró como el “otro”, viviendo en un cosmos diferente,  porque su valoración fue eurocéntrica. En palabras del  antropó-logo e historiador mexicano Miguel León Portilla en su libro El reverso de la conquista expone: “Sus caras eran extrañas. Los señores los tomaron por dioses. Nosotros mismos, vuestros padres, fuimos a verlos cuando entraron a Yximchée.”

Desde el mismo color de la piel y fisonomía del hispano, su estatura, el idioma, las armaduras, etc.; el originario identificó diferencias, realidades distintas que en principio consideró  extrañas así mismo, sin embargo, los señores que gobernaban entre los indígenas los consideraron seres especiales, otorgándoles estatus de honor y poder.
Por parte de los originarios mesoamericanos esperaban que Quetzalcóatl retornara y regresara desde el horizonte del mar,  y cuando vieron venir a hombres extraños en naves, pensaron que era él, sin embargo, la mentira, astucia y actitud de rapiña del español se sobrepuso. En principio fueron bien recibidos, pero, ante la falsedad del europeo, la lucha a muerte comenzó y la historia terminó revertiéndose e imponiéndose a favor  del hombre blanco, de cabello amarillo o café, y no fue porque en la cosmovisión mesoamericana los indígenas lograron camuflar y valerse de mecanismo de subterfugio para preservar su espiritualidad, ya que de no ser así, casi todo se hubiese perdido.  La actitud del europeo fue más de ser, expresándose con la violencia y usando el poder, en cambio la del originario era más de estar, era más armonía, más de equilibrio con el cosmos; muestra de ello era que mientras  muchos cristianos querían salvar el alma evangelizando con Biblia en una mano durante el día, por la noche con la otra usaban la espada, en cambio la preocupación del originario era mantener el equilibrio cósmico, hoy en día lo ecológico.
A modo de escuchar las voces de los vencidos, en el Chilam Balam de Chumayel se encuentran algunas de ellas  refiriéndose a los españoles: “…Pero vinieron los Dzules (azules) y todo lo deshicieron. Ellos enseñaron el miedo, y vinieron a marchitar las flores. Para que su flor viviese, dañaron y sorbieron la flor de nosotros…”

El texto expone la voz de los originarios expresando el malestar de la cultura que los azules trajeron, revela  que impusieron su manera de ser en el mundo y que marchitaron la flor de los indígenas. Con lenguaje poético  el ori-ginario explicó lo que captaba, aprehendía y aprendía de la naturaleza,  esa fue su opción epistemológica para conocer  la vida y relacionarse con el mundo.
Con las flores marchitas (dejó de ser el mundo polícromo y aromático, es decir,  hermoso y bello)  los originarios gritaron al invasor  que su mundo fue deteriorado y exterminado por  las ansias de poder político y económico del hispano.
Lo que para el europeo era el libro, el lenguaje discursivo, el pensamiento formal y la síntesis, para el originario la lectura era hecha desde la naturaleza, su lenguaje era más simbólico, su pensamiento era más intuitivo, descriptivo e isomórfico (correspondencia entre lo hablado y lo dado) con el mundo natural, y por lo contrario asumió la síncresis que consistía en hacer uso de los cinco sentidos para conocer no la realidad -cosa abstracta-, sino la naturaleza: el aire, el agua, el fuego, la Tierra, el monte, el río, el lago, etc.

En tal sentido, la estructura social y cultural del originario fue aniquilada e impuesto otro orden, en lo concerniente a la naturaleza los cultivos  fueron arrebatados y comerciados a los antojos españoles, en lo religioso se impuso la religión a la espiritualidad, en lo social se imputó la encomienda y la hacienda, así como el esclavismo, por otra parte, los idiomas originarios fueron casi anulados, la educación impuesta fue medieval y escolástica, las leyes no corrieron otro destino, sino, fueron por el mismo camino, etc.

La conquista no fue, ni sigue siendo un tema de historia y de los libros, sino un problema actual que los originarios y latinoamericanos continuamos sufriendo hoy, en pleno siglo XXI se llama globalización, objetivado en el mercado y llevado a la subjetividad de las personas por medio de la ideología neoliberal.
Y esta triada Sistema capitalista, mercado y neoliberalismo continúa generando   exclusión, pobreza, periferia y muerte. En tal sentido, los pueblos originarios  “latinoamericanos” nacieron esclavizados ante Europa, con grilletes de dependencia ideológica y económica.  Con mayor gravedad la invisibilización de los pueblos originarios ha estado presente durante los últimos cinco siglos, y peor suerte corren las mujeres indígenas. Y no solo es de esperar que la semilla de aquella flor amerindia brote de la Madre Tierra esperando que la lluvia de la justicia, equidad, inclusión y vida, se hagan presente, sino, trabajar por un nuevo mundo donde lo ancestral y originario entre en diálogo con lo moderno y científico, porque no se trata de quedarse anclado en el pasado, sino, de crear condiciones interculturales que permitan a los seres humanos enfrentar los desafíos actuales y planetarios.
Por otra parte, la descolonización del pensamiento es determinante para tratar de otra forma a los seres humanos, la vida y el mundo, es de oír las voces de aquellos que nunca se les ha dejado hablar, y aprender de sus conocimientos milenarios, de los que llevan más de 3 milenios en estas tierras y que se les ha querido borrar del horizonte histórico, económico, social, político, educativo y cultural.
Es de recuperar lo que queda de los idiomas originarios, de la convivencia del Buen Vivir, de los modelos políticos y sociales indígenas, y toda la espiritualidad que tanto necesita este mundo de armonía, equilibrio, equidad, ya que en la actualidad somos azotados por las guerras y violencia estructural, por el desequilibrio  ecológico y por la globalización del hambre, porque el  crecimiento económico de los países desarrollados no significa desarrollo y progreso en un mundo con tanta desigualdad.
En tal sentido, este 12 de octubre debería de invitarnos a conocernos en verdad  quiénes somos, cuál es nuestro puesto en el mundo y cuál es el horizonte de sentido como pueblos originarios ante todo lo viviente y lo no viviente.

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